Idean contenedores equipados para la agricultura en zonas remotas

El desarrollo de tecnologías sofisticadas ha sido uno de los grandes aliados de la industria agrícola con el pasar de los años. Sin embargo, los nuevos procesos o herramientas no siempre están al alcance de todos, sobre todo por un tema de costos.

Zonas rurales de difícil acceso son quizá las más vulnerables en ese sentido. Y es que son lugares en donde la telefonía móvil o el internet no llegan, dejándolos relegados de los avances que se pueden observar hoy en día.

Tal situación impulsó a la empresa Farm From a Box a idear un plan que quizá podría acortar la brecha que aún mantiene alejados a ciertos productores agrícolas de las novedades que se pueden encontrar en el tan competitivo mercado actual.

Se trata de un contenedor que viene equipado con elementos de gran precisión, los cuales buscan potenciar la siembra de cualquier rubro en prácticamente en cualquier parte del mundo, según explican los desarrolladores del proyecto.

Brandi DeCarli, socia fundadora de la empresa, explicó que las “cajas” contienen placas solares, dispositivos para el almacenamiento en frío, sistemas de riego, sensores y otras herramientas que sirven para trabajar hasta 0,8 hectáreas de terreno.

Aunque admite que el precio inicial de la propuesta es de US$ 40.000, inversión que no es asequible del todo, comenta que se muestra como una alternativa viable para el futuro más cercado, sobre todo porque de ese modo se puede reducir hasta en 80 % las pérdidas posteriores a la cosecha.

“Por ejemplo, podemos tener una plantación en Kenia, y desde Estados Unidos podríamos estarla monitoreando. Ya hemos hecho algunas pruebas en Tanzania, donde de manera remota hemos podido manejar bombas de agua”, afirma DeCarli.

La vocera de Farm From a Box explica que están ideando sistemas que sean capaces de ser administrados a través de aplicaciones móviles. “Para eso debemos llevar también la tecnología de telefonía portátil, por eso el reto es mayor”, añade la empresaria.

En la opinión de Carlo Bravi, economista de Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) además de la tecnología, es preciso que quienes reciban estas utilidades se convenzan de que las necesitan.

“También implica un tema de acostumbrarse, entrenarse y empezar a aprender haciendo”, recalca Bravi, quien cree que de nada sirve presentarles los avances tecnológicos más recientes si no sabrán cómo sacarles provecho.

“Entre los más pobres, las dificultades se acumulan, asumen muchos riesgos, carecen de medios e infraestructuras, sufren la presión del cambio climático y son reacios a modificar sus costumbres”, declara el representante de la FAO.

Falta por hacer
En el año 2011 se invirtieron US$ 59 millones en investigación y desarrollo de la industria agrícola, esto según un estudio realizado por la revista Science en 2016. La mayoría de los países que aportaron capital para esto fueron del llamado “primer mundo”.

Lo que la publicación enfatiza es que, desde entonces, los países más ricos hacen grandes aportes en esta materia, frente a lo poco que los países en vías de desarrollo aportan para mejorar sus mecanismos y capacidades para producir.

“Los productores sufren cada vez más estrés, no confían en las instituciones y no saben de seguros”, explica Pramod Aggarwal, experto del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR).

Fuente: BlueberriesConsulting / 18 de setiembre 2018

 

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