Rigoberto Canales, agricultor: “La palta está cambiando mucho nuestra situación”

“Si tuviéramos más agua, podríamos progresar más”, señala el agricultor Rigoberto Canales desde La Mar, Ayacucho. Lo entrevistamos.

Deja de regar el campo y atiende esta llamada. Su terreno de tres hectáreas puede esperar. Ahí cultiva palta. Está en el centro poblado de Patibamba, distrito de San Miguel, provincia de La Mar, Ayacucho. A dos horas en auto de Huamanga. “Si tuviera un buen celular, te mandaría fotos”, me dice el agricultor de 46 años que exporta palta Hass y para el mercado nacional vende la fuerte. Recordemos que, pese a la pandemia, Perú logró posicionarse, según Comex, como segundo exportador mundial de paltas.

Para ir al colegio tenía que caminar ocho kilómetros, en tiempos de la violencia por el terrorismo que sufrió el país en las décadas del 80 y 90. Segundo de 12 hermanos, salía del colegio a las 4 de la tarde. Era complicado volver a casa. Es una de las razones por las que Rigoberto Canales no continuó sus estudios, que los truncó en primero de secundaria.

Hoy es padre de seis hijos. La mayor estudia en la universidad. Los cinco están en el colegio, varios terminando la secundaria. “Quiero que mis hijos estudien, que no sean igual que nosotros, que sean algo en la vida”, agrega desde la chacra. El reloj marca las 4:30 de la tarde. Suele regar el campo alrededor de una hora y media, tras lo cual acaba la jornada y se va a descansar.

¿Cómo están afrontando la pandemia?
Más o menos. En la provincia de La Mar estamos un poco tranquilos. Menos mal, no nos hemos enfermado del COVID.

¿Y cómo le ha ido a la palta?
Por la pandemia, la palta se sentó un poco. La campaña grande es de enero a abril, cuando sacamos la mayor cantidad de palta. Ahorita vendemos a 6 soles, 6.50. El año pasado vendíamos hasta 7.20 soles.

¿Hacia qué países exportan principalmente?
Los que llevan de acá nos dicen que llevan para Europa y China. Trabajamos con intermediarios, no exportamos directamente. Pero antes nosotros no valorábamos la palta. Antes sembrábamos zapallo, frejol, maíz morado, hortalizas. Diez a quince años atrás se dieron cuenta y empezaron a plantar palta, pero no había compradores.

¿Cómo se animó por la palta?
Esas cuantas personas que plantaron recibieron compradores que entraron por la provincia de Huanta. Y ahí la gente vendió cinco carros, diez carros. Así empezamos. Empezamos vendiendo a 3 soles, 2.50. Entraron otras empresas que pagaron más: 4 soles, 5 soles. Así la gente cambió a la palta y ahora estamos con dicho producto.

¿Y usted qué sembraba antes?
Zapallo, tomate, maíz morado, frejol canario. También teníamos naranjales, pero el ciento costaba dos soles. Entonces, la mayoría ha cambiado a la naranja por la palta.

¿Es complicado sembrar palta?
La palta es un poco más fácil. En los otros productos que sembrábamos invertíamos más plata y el zapallo, por ejemplo, ni lo vendías. Para el mercado nacional vendo palta fuerte y para el extranjero, se vende palta Hass.

¿Diría que este fruto le cambió la vida?
Sí, porque con eso se ha mejorado económicamente. Está mejorando la situación. Cómo es, ¿no? Muchos están haciendo sus departamentitos, comprando sus carritos. Está cambiando mucho nuestra situación.

En su caso, ¿la agricultura viene de familia?
Sí, desde mis abuelos, en la misma zona. San Miguel es un valle grande.

¿No intentó dedicarse a otras actividades?
Yo he trabajado en construcción civil, hace siete a ocho años atrás. Trabajaba por la costa, por Ica, Chincha, Cañete. Trabajé en el gas de Camisea, en el gasoducto. Era operario, era ayudante en fibra óptica. Cuando regresé a Ayacucho, la gente ya producía palta acá. Y yo también dejé de ir a la empresa y me dediqué a este cultivo. Desde hace tres años prácticamente no salgo para nada y estoy dedicado a mi chacra.

Sabemos que Ayacucho ha sido una región muy golpeada por el terrorismo. ¿Cómo le tocó vivir ese tiempo?
Mi zona ha sido la más golpeada de todas en la provincia de La Mar. En los ochenta fue terrible. Tanto los terroristas como los sinchis no tenían compasión, y siempre venían, mataban, se llevaban a las personas, las hacían desaparecer; venían a la casa, mataban a tu ganadito. Hacían lo que querían.

¿Su familia lo sintió en carne propia?
Claro. Han salido heridos, hubo muertos. Mis tíos han muerto. Los terrucos entraron a un campamentito donde vivíamos y ahí los mataron.

¿Por qué su familia se quedó en San Miguel?
Los que tenían plata han escapado para la capital. Los que no teníamos plata tuvimos que soportar esa violencia que se vivió. Y hoy mis padres siguen vivos y ellos también tienen su parcela de palta.

Su familia es sobreviviente de la crisis.
Sí, pucha, recordar… Yo estaba chibolo, tendría unos 9 a 10 años de edad. Tampoco tuvimos posibilidades para educarnos. No había carro, ni luz, ni comunicación, no había nada.

¿Hoy qué les hace falta?
El problema es el agua. Si hubiera suficiente agua, se podrían usar los terrenos que sobran: 80 mil, 90 mil hectáreas, que están libres porque falta agua. Si tuviéramos más agua, podríamos progresar un poco más. Hay terreno, hay espacio, pero no hay agua.

¿Y cuál es el futuro con la palta, Rigoberto?
Creo que va a cambiar mucho más. Algunas empresas están entrando, hay más competencia; entonces, el precio de la palta sube un poquito.

¿Cuál es su sueño?
Tener algo en la vida. Quizás ser empresario. Y lograr que mis hijos sean profesionales.

Autoficha:
“Mi nombre es Rigoberto Canales Najarro. Vivo en el centro poblado de Patibamba, donde nací, en la misma chacra. Mi mamá me contó que todo salió bien, nací sanito. Solo tengo primaria. Me dediqué a trabajar en construcción y también sembrando en la chacra”.

“Algunos de mis hermanos sí acabaron la secundaria y hasta tienen superior. Yo quería irme a vivir a una ciudad más grande, pero no se pudo, porque faltaba dinero para el pasaje. Algunos han salido, pero casi todos han regresado, sobre todo por este tiempo con la palta”.

“Y claro que como la palta que produzco, en ensaladita. Comemos paltita en el desayuno, almorzamos paltita y hasta en la cena. Dice que esta palta que tenemos es cero colesterol. Ahora quisiera exportar sin intermediarios. Y la mentalidad que tenemos es sacar adelante a nuestros hijos”.

Fuente: Perú21

 

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Rigoberto Canales vive en el centro poblado de Patibamba en Ayacucho. Produce palta Hass para el mercado extranjero y abastece el mercado local con palta Fuerte. Así como él, miles de pequeños productores trabajan la tierra para lograr sus sueños, enfrentando retos.
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