La palta de Los Andes compite sola en los mercados

Migrar de cultivos transitorios a uno de más largo aliento, como es la palta, ha resultado gratificante para cientos de pequeños productores en los valles interandinos del país, ubicados por encima de los 1,200 msnm. Estos productores tienen hoy la convicción de que los suelos andinos pueden ser tan productivos como los arenosos de la costa para dar vida a fruta de exportación. Esta idea es compartida por un grupo de empresas agroexportadoras de la costa que, por esa y otras razones, están formando clúster con estos productores. La mayor ventaja que encuentran es que la palta de Los Andes se exporta en los meses de febrero a abril: una estacionalidad privilegiada, ya que salen a competir prácticamente solos en los mercados internacionales.

En un inicio, el palto crecía rústicamente en el Valle de Limatambo, provincia de Anta, en el Cusco. El productor Jorge Guevara no recuerda que se usaran fertilizantes, solo un poco de abono orgánico. Para el riego era suficiente con el agua de lluvia. No había conocimiento alguno de lo que necesitaba la planta, ya que era suficiente con que brotara de manera natural. Cuando se decidió buscar un aprovechamiento comercial, Guevara recuerda que eran tantas las preguntas sobre cómo regar, cuánto fertilizar o si era necesario podar, que muchos no sabían qué hacer. Por suerte, gran parte de las interrogantes fueron absueltas por los técnicos del programa Sierra y Selva Exportadora junto con el municipio de la zona.

De aquello, ya pasaron algunos años. En la actualidad, la Asociación de Productores Frutícolas y Paltos del Valle de Limatambo a la que pertenece Guevara, exporta sus paltas a través de dos agroexportadoras: Camet Trading y Verdeflor. Guevara reflexiona sobre el proceso que vivieron los miembros de la asociación. El más complicado –señala– no provino de asimilar el conocimiento técnico para lograr un mejor resultado agrícola, sino de lo difícil de revertir la expectativa de una recuperación económica inmediata. En la actualidad, existe la proyección de elevar este año de 200 a 300 ha de paltas y han comenzado el proceso de certificación del GLOBALG.A.P. para garantizar mejores retornos por la fruta.

Como el caso de esta asociación, existen aproximadamente 3,000 productores de palta Hass en los valles interandinos Huancavelica, Apurímac, Cusco, Arequipa, Moquegua, Junín, Áncash, La Libertad y en parte de la sierra limeña. Ellos cultivan un total de 2,700 ha de paltas de un total de 30,000 ha que se cultivan en todo el país, que incluyen la variedad Hass y otras verdes.

La campaña de este año ha sido una de las mejores, debido a que muchos productores han llegado a un nivel de madurez en el manejo agronómico de sus campos. Si en 2010 el volumen de palta Hass exportada desde Los Andes representaba solo el 3% del total, este año llegó al 13% y el porcentaje seguirá creciendo hasta el 25% en los próximos cinco años, según detalla el jefe del Programa Nacional de Innovación e Industria de la Palta Hass y Otros Frutales de Sierra y Selva Exportadora, Vicente Zegarra. Al mercado de Europa, este año se ha sumado el mercado chino con cinco a seis contenedores de paltas que salieron en abril del Valle de Limatambo. La ventaja de este nuevo destino de exportación es que a diferencia del resto de mercados acepta las paltas de calibres pequeños.

Una ventana ventajosa  
La ventana comercial en que se cosechan estas paltas es la mayor ventaja que tienen en el mercado mundial. A mayor altura, la producción se adelanta. Las bajas temperaturas provocan que la floración se adelante en mayo, mientras que la floración en la costa se produce en septiembre. Por tanto, la cosecha en la sierra se produce entre febrero, marzo y abril. La variedad Fuerte se dispersa un poco más, pues se puede cosechar desde noviembre hasta mayo; el problema es que es una variedad más delicada y con menos vida de poscosecha. En la costa peruana comienza la segunda quincena de abril y llega hasta julio y un poco en agosto.

Mientras la palta de la costa compite con la producción sudafricana, mexicana y chilena, la producción andina entra en una ventana comercial donde casi no existe competencia alguna. Colombia también produce en esos meses, pero con una fruta de calibre pequeño como consecuencia de crecer en una zona lluviosa. Por ello es que algunas importantes empresas exportadoras de paltas, como Camet Trading, Agrícola Chapi, Incavo, Verdeflor han comenzado a establecer alianzas con los productores de estas zonas para acceder a una exportación más tempranera, sin mayor competencia y con un mayor margen de maniobra para negociar precios.

Esta alianza está facilitando que los productores puedan financiar los procesos de certificación necesarios para llegar en mejores condiciones a los mercados del mundo, como es el sello orgánico o el GlobalG.A.P. que garantiza las buenas prácticas agrícolas. “Existen unas cuatro o cinco empresas grandes con presencia permanente desde el año pasado en la zona. Cuando un negocio empieza impulsado por el sector público (Sierra Exportadora y los municipios), es algo inicial. Entonces, ¿a quién involucramos? El sector privado ha comenzado a tener un rol activo porque le interesa un volumen y calidad determinado para poder exportar la fruta”, comenta Vicente Zegarra. El clúster se viene conformando entre productores, sector privado, Sierra Exportadora y gobiernos locales o regionales. Cada uno cumple un rol determinado para mejorar la producción y calidad del producto. En la zona andina no funciona el complejo agroindustrial, sino el modelo de los pequeños agricultores que irán creciendo junto a las agroexportadoras consolidadas en palta.

Durante este año, al menos unas quince asociaciones de productores certificarán sus campos con el GLOBAL G.A.P. Este protocolo tiene un costo que se puede financiar con fondos concursables del Estado, pero hay una contraparte que debe ser costeada por el propio productor que puede o no ser monetaria. En esta parte de la ecuación entra a tallar la empresa agroexportadora que financia la parte correspondiente al productor a cuenta de la cosecha siguiente. De esta manera, la asociación tiene la certificación a su nombre y la empresa privada asegura que la producción esté certificada.

Ese año «maduró
“Nuestros padres y abuelos empezaron con este cultivo para su consumo propio, incluso sirvió para el trueque. Todo inicio es difícil hasta que, por su rentabilidad, nos quedamos con las variedades Hass y Fuerte. Con Sierra y Selva Exportadora tomamos cursos de capacitación y con Agroideas accedimos al financiamiento para lograr el riego tecnificado de nuestros campos, proceso que culminará en marzo del siguiente año”, comenta el presidente de la Asociación de Productores Agropecuario Quisagui del distrito Los Chankas, provincia de Chincheros (Apurímac), Ismael Quispe Aguilar. Tras la instalación del riego tecnificado, esta asociación ha logrado que 137 toneladas de palta cosechada en sus campos se exporten por primera vez de la mano de la firma Incavo. Antes de ello, apenas obtenían entre 30 a 40 toneladas en poco más de 10 ha de terrenos.

Sierra y Selva Exportadora calcula que en la última campaña los productores pudieron constatar los beneficios económicos del cultivo de exportación. La rentabilidad que han obtenido fue de entre 40,000 a 70,000 soles/ha, mientras que con el maíz y la papa el retorno era de 4,000 soles/ha. Esto ha desatado un gran entusiasmo por el cultivo. Zegarra calcula que se estarán instalando entre 1,200 a 1,500 ha nuevas de palta Hass hacia el 2018. Solo este año en Apurímac se deben sembrar unas 500 ha nuevas de paltas, mientras que en Cusco serán 200 ha, Huancavelica otras 300 ha y en Áncash 300 ha nuevas.

Trabajo previo de Sierra Exportadora 
Todo esto es parte del proceso de promoción del cultivo de la palta que hizo Sierra y Selva Exportadora junto con los municipios en las zonas ubicadas entre 1,200 a 2,800 msnm. Zegarra resalta que la mayor parte de los pobladores estaban acostumbrados a los cultivos tradicionales como maíz y papa. La apuesta por un cultivo en que debían esperar al menos tres años para comenzar a obtener ingresos necesitaba de algunas herramientas para ayudarlos a tomar la decisión. Los gobiernos locales o municipios fueron los encargados desde entonces de instalar viveros donde hacen crecer los plantones que, finalmente, son entregados a costo cero a los productores.

Actualmente, un gran número de municipios está comprometido en la instalación de viveros de palta. “En Arequipa deben existir unos seis viveros; en el Valle de Limatambo en Cusco, hay uno de la empresa privada y otro del municipio; en la zona de acción minera de Las Bambas también están haciendo un vivero, en su área de apoyo social. En otros lugares también existen otros viveros ya instalados”, enumera el representante de Sierra y Selva Exportadora.

En un momento, muchos campos se llenaron de paltos, pero la mayor parte exhibían baja productividad. No bastaba con la entrega de plantones. La asistencia técnica proveniente de los municipios no fue del todo eficaz. Entonces, el inconveniente era el poco conocimiento del cultivo, cómo sembrarlo, podarlo, fertilizarlo o controlar las plagas. “Las primeras siembras no desarrollaron bien. A medida que el árbol iba creciendo la productividad decaía con frutos de calibre pequeño. Por ejemplo, las plantaciones más antiguas que están en Huancavelica tienen unos ocho años y la producción era baja. Entonces, se comenzó a introducir la poda, ya que los productores no la hacían por falta de experiencia”, sostiene Zegarra. Es así como los productores han ido resolviendo sus errores y comenzado a tomar conciencia del potencial que hay detrás de la palta Hass en las zonas andinas del país.

Fuente: RedAgrícola / Agosto 2017

 

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