José López, productor: “El mango de Chulucanas huele a fragancia y es dulce”

“Chulucanas tiene tres cosas: el clima, la tierra y el agua”.

En la mañana estudiaba. En la tarde iba a la chacra. Cultivaba con su familia yuca, frijol de palo, achote. Solo llegó hasta la primaria. “¿Para qué estudias?, vamos a la chacra”, se pensaba en ese tiempo. Pero José López Elera entregó su vida al campo y hoy, a sus 70 años, preside la Asociación de Productores de Mango del Alto Piura (Apromalpi), que agrupa a 149 socios. Y se ha preocupado de que sus siete hijos tengan estudios.

Su sueño de niño era ser chofer o volar un avión. “En esa época ser chofer era lo máximo”, recuerda telefónicamente, desde su parcela, la Villa Elera, en Chulucanas. Por lo pronto, solo ha viajado en avión hasta Iquitos, aunque el mango que producen las tierras norteñas ha dado la vuelta al mundo.

¿Cómo están afrontando la pandemia?
La gente no ha podido ir a la parcela, ha faltado gente. No se podía ir a trabajar. La verdad es que nos ha venido una crisis bien grave. Sin embargo, lo hemos superado: la mitad trabajaba en la mañana y la otra mitad en la tarde. Ahorita estamos comenzando con el mango edward, que se vende en el mercado local; y este termina en enero, febrero. Pero de ahí comienza el mango criollo, que es para el mercado local también. El único que se exporta es el mango kent, que a fin de este mes se viene la cosecha; es el único que se exporta porque su fibra es más resistente.

¿Qué pasó hace 25 años para que apuesten por el mango?
Al mango nadie lo quería por ningún precio, porque todos tenían mango y todos enviaban al mercado. El mango bajaba demasiado. Pero con un grupo de campesinos nos juntamos para exportar, porque de otros países ya enviaban. Así mandamos un contenedor al extranjero, apoyados por una prelatura. Pero como no sabíamos sobre calidad, elaboración, etc., fue una experiencia para mejorar. Perdimos el contenedor. No ganamos nada. Pero ganamos la experiencia.

Antes de producir este fruto, ¿Qué cultivaba?
Maíz, yuca, menestra, palta.

Pero usted trabaja en el campo desde niño.
Cuando yo tenía 15 años, dependíamos de unos hacendados. Una vez por mes teníamos que trabajar gratis para el hacendado. El hacendado era dueño de las tierras. Teníamos que pagarle dándole un jornal por mes. Te cobraban por criar un animal en el campo. Uno era más obrero que otra cosa. Te enseñaban a trabajar y no a estudiar. Velasco les quitó las tierras y nos las dio a nosotros para trabajarlas. De ahí uno aprende en este trayecto de la vida. Cuanto más vives, más aprendes. Ya luego en la época del terrorismo, se vivía en zozobra. De repente ibas a la ciudad para comprarte azúcar, arroz y escuchabas un bombazo, y salíamos corriendo al campo. Así venimos luchando. Es la verdad.

¿Qué tiene de especial Chulucanas para dar un buen mango?
Gracias a Dios, tres cosas: el clima, la tierra y el agua. En Chiclayo estuve invitado a una reunión internacional. Uno de los expositores que vino de Costa Rica dijo que el Perú, especialmente el norte, fue bendecido por Dios, porque tenía tres climas. Esos climas favorecen a la naturaleza. El mango de Chulucanas tiene fama. Una vez un familiar mío estuvo en Ica, donde le ofrecieron mango de Chulucanas pero no era, sino que para poderlo vender hacían su ‘marketeo’ así.

¿A qué sabe el mango de Chulucanas?
Tiene un olor muy agradable, un sabor muy agradable. Huele como si fuera una fragancia. Es dulce, pero no es empalagoso. Dependiendo de la variedad, el criollo tiene un peso de 100 gramos, es chico; el kent es de 350 gramos para arriba.

¿Cómo los identificamos?
Hay dos variedades de criollo. Uno es el mango blanco; es entre blanco y verde, y el otro es el amarillo claro.

¿Debemos entender que el mango kent es el mejor?
En exportación sí. Para comercio local es el criollo.

A nivel nacional, ¿Cómo le va al fruto que producen?
Con toda seguridad ocupamos el primer puesto. El mango de Chulucanas tiene un origen muy especial: porte, fibra, color, dulzura.

¿Y al Perú a nivel mundial cómo le va en cuanto a exportación de mango?
Si no somos los primeros, debemos estar entre los primeros. Mandamos muchos contenedores de mango al extranjero. Competimos con México, Asia.

¿Qué les falta para crecer más?
Hay varios factores. La zona de Chulucanas ha estado muy olvidada por los gobiernos centrales. El campesino con su propio esfuerzo y peculio avanza, cuidando y cosechando. Que el Gobierno ponga un banco para la gente pobre, campesina, para la gente que tiene sus terrenos y que por falta de dinero los vende. Que vaya a apoyar ahí, al pequeño agricultor. Nosotros tenemos nuestra empresa que hemos formado y tenemos una empacadora, que es gracias a Dios con el esfuerzo de nosotros y con una ayuda que recibimos de Japón. De ahí hemos avanzado y pusimos una fábrica de mango deshidratado, con nuestro esfuerzo y ayuda de una ONG. Pero del Gobierno nada. Recién ahorita estamos con una ayuda del Gobierno. Estamos haciendo una planta de IQF para procesar el mango y mandarlo como si fueran pasas, en trozos. Ya tenemos pedido. Quisiéramos que el presidente venga a inaugurar esta planta. Es para el mango que no va al extranjero.

José, 25 años después de haberse dedicado al mango, ¿cuál es el potencial de este fruto?
Hoy exportamos a Francia, Holanda, Inglaterra, Japón, Chile. El problema es que Estados Unidos es muy especial y no reunimos los requisitos para enviar allá. Entonces, hay mucho por crecer. Para completar nuestra planta y estar seguros con lo que producimos, nos falta una sola cosa: construir la planta de proceso de pulpa para jugos. Con eso, daríamos trabajo a mucha gente, como lo venimos haciendo hoy por hoy. Ese es mi sueño.

Autoficha:

  • “Me llamo José Isabel López Elera. Me pusieron Isabel porque en esos tiempos miraban el almanaque y lo que decía, te ponían de nombre. También lo hicieron porque había un tatarabuelo que se llamaba así. Pero en el colegio no me fastidiaron tanto (risas)”.
  • “Nací en Chulucanas. Me he criado en Platanal Bajo, pero ya no vivo ahí, porque tuve la mala suerte de que el río, en el año 83, se llevó mi casa y mi parcela; arrasó con todo. El presidente de entonces, Fernando Belaunde, nos dio tierras por otra zona en Piura”.
  • “Tengo 70 años y siete hijos. Dos hijos se dedican al cultivo, pero los demás tienen sus negocios, sus trabajos en la ciudad. Yo no tengo estudios, por eso ahora les damos estudios a nuestros hijos para que sean otros en la vida. A veces los sueños que uno tiene se hacen realidad”.

Fuente: Perú21 

 

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