Manual de buenas prácticas de riego: Propuestas para un uso eficiente del agua en la agricultura

Se entiende por buena práctica de riego un manejo tal del recurso que permite la perduración del agua en el tiempo, en suficiente cantidad y calidad. A la hora de regar necesitaremos seguir un proceso lógico de toma de decisiones, asegurando que se aplica una cantidad de agua lo más ajustada posible para cubrir las necesidades del cultivo. Este proceso consta de tres fases fundamentales:

  • Conocer el ciclo de desarrollo del cultivo en cuestión y la sensibilidad al estrés hídrico en cada una de sus etapas.
  • Calcular las necesidades hídricas del cultivo mediante la metodología más exacta disponible.
  • Establecer las pautas de aplicación de los aportes de agua de riego.

Pero, además, es necesario manejar otros conceptos, como el uso legal del agua, acorde con la concesión otorgada al regante o el mantenimiento adecuado de las instalaciones. En conjunto componen un decálogo de buenas prácticas que se desarrollarán a continuación, centradas especialmente en los aspectos de cantidad de agua, más que en los del calidad, que requerirían de otro manual específico.

Uso legal del agua
La finca agrícola deberá contar con el correspondiente permiso, derecho o concesión de aguas emitido por la Administración Competente. Dicho documento debe especificar la finca para la que ha sido expedido, superficie de la misma, cantidad de agua que puede ser usada por año, periodo de tiempo para el cual el permiso es válido y el origen de las aguas (subterráneas o superficiales). Además cualquier obra de regulación o captación de aguas de la explotación (balsas de regulación, balsas de acumulación, presas, diques, azudes) deberá contar con la autorización correspondiente.

Conocimiento de las características del agua de riego
El agricultor o técnico deberá realizar, al menos una vez al año, un análisis de la calidad del agua de riego. Ese análisis se tomará de todas las extracciones existentes en la finca (pozo, balsa…). El análisis será realizado por un laboratorio autorizado, incluyendo datos de pH, contenido en sales, cloruros y nitratos, además de información sobre la calidad bacteriológica del agua y demostrar que no existen residuos contaminantes, como por ejemplo metales pesados.

Conocimiento de las características físicas del suelo
El agricultor o técnico deberá conocer las características físicas del suelo (capacidad de campo, punto de marchitez permanente, agua útil y agua fácilmente utilizable), además de la velocidad de infiltración del agua en el terreno, tal y como se expone en apartados anteriores. Estos datos se podrán obtener mediante análisis en laboratorios, ejecución de calicatas y por la experiencia del técnico o el agricultor.

Cálculo de las necesidades de agua de los cultivos
A la hora de regar el agricultor se enfrenta a una triple incógnita: cuándo, cómo y cuánto regar. Estas interrogantes se han resuelto tradicionalmente en base a la experiencia adquirida. Teniendo en cuenta que el agua es un recurso cada vez más valioso y con el que hay que procurar la máxima eficiencia de empleo, no es válido que decisiones tan importantes se tomen intuitivamente. Máxime cuando existen metodologías contrastadas para la toma de decisión de riego.

Métodos indirectos: Evapotranspiración
Obtener por medición directa el dato de evapotranspiración para cada día del año, de cada cultivo y en cada zona se antoja misión imposible, por lo que, por simplicidad, estos valores se han relacionado de forma empírica con mediciones más sencillas.

Mediante diversas fórmulas matemáticas se calcula la Evapotranspiración de referencia (ETo), entendida como la pérdida de agua de un suelo cubierto por una pradera extensa de gramíneas en crecimiento activo, sombreando totalmente el suelo, segada a una altura de 8 a 15 cm y con un suministro de agua constante. Para relacionar la ETo con la evapotranspiración real (ETc) de nuestro cultivo (dato que realmente nos interesa) se emplean los llamados coeficientes de cultivo (Kc), de tal forma que se cumple:

ETc = Kc x ETo
ETc: evapotranspiración del cultivo, Kc: coeficiente del
cultivo, ETo: evapotranspiración de referencia.

Los valores de Kc se obtienen experimentalmente y cambian con cada cultivo y a lo largo del ciclo de desarrollo del mismo. Al comienzo del ciclo la superficie foliar es pequeña y el suelo está directamente expuesto, por lo que predomina la evaporación. A medida que el desarrollo foliar va cubriendo el suelo la evaporación va perdiendo peso y lo gana la transpiración, aumentando progresivamente Kc. La evapotranspiración del cultivo (ETc) representa el agua que demanda el cultivo, pero esto no siempre es sinónimo de necesidades de riego. Para determinar el agua que ha de aplicarse mediante el riego es necesario realizar un pequeño balance, descontando lo que puedan aportar las precipitaciones, y en algunos casos cuantificando la variación en la reserva del suelo.

Las tareas necesarias para el adecuado cálculo de la evapotranspiración, el seguimiento de los estados fenológicos de los cultivos, el mantenimiento de las estaciones climáticas, la asignación de coeficientes de cultivo, el manejo de los aparatos de medida de la humedad del suelo, etc, escapan a las posibilidades económicas y de tiempo de la mayoría de los agricultores. Por eso, las Administraciones públicas han creado organismos especializados, denominados genéricamente “Servicios de Asesoramiento al Regante” (SAR), para poner al alcance de los regantes el dato final que precisan conocer para planificar sus riegos. Los datos de este tipo de servicios suelen ser accesibles vía teléfono, Internet y prensa, e incluso se puede solicitar el envío personalizado por fax a cooperativas y comunidades de regantes.

Métodos Directos: Sensores de humedad
En la última década se ha desarrollado una amplia variedad de sensores que permiten medir el contenido de humedad en el suelo de forma continua y directa. La instalación de alguno de estos sensores en una parcela concreta sirve de referencia objetiva para planificar el riego. A continuación se exponen algunos de los sensores que se pueden usar en campo.

Cálculo de la dosis y frecuencia de riego
Conocida la previsión de necesidades de agua para un cultivo en un periodo de tiempo concreto – cuánto y cuándo regar-, la otra gran cuestión que tiene que resolver el regante es cómo realizar esta aportación, en uno o en varios riegos, es decir la dosis y frecuencia de riego. Se deben observar algunas condiciones como:

  • La capacidad máxima del suelo para almacenar agua. Si se suministra todo el agua de una vez, parte puede percolar a capas profundas o perderse por escorrentía y escapar del alcance del cultivo.
  • El nivel de humedad del suelo por debajo del cual no se debe bajar para que el cultivo no comience a sufrir estrés.
  • La capacidad del sistema de riego y su eficiencia.
  • Procurar dar riegos frecuentes, para contar con un nivel estable de agua en el suelo, fácilmente utilizable por el cultivo.

Una vez conocida la fecha y duración de los riegos, se debe procurar efectuarlos cuando las condiciones ambientales sean lo más favorables posible y cuando el coste energético sea menor, teniendo en consideración:

  • En el caso de la energía eléctrica regar en horas de descuento de la tarifa eléctrica.
  • En riego por aspersión la eficiencia de aplicación y la uniformidad disminuyen si se riega con fuertes vientos y alta insolación. Por tanto, hay que intentar no regar durante las horas centrales del día en zonas con alta insolación, y disminuir el caudal del aspersor e incrementar el tiempo de riego en zonas con vientos frecuentes.
  • Las lluvias superiores a 4-5 mm deberán descontarse de los riegos pendientes.
  • El aporte instantáneo de agua no debe superar capacidad de infiltración del suelo, para evitar escorrentías.

Uso de caudalímetro
Todas las fincas deben contar con un caudalímetro instalado para calcular el consumo anual total de agua, tal y como establecen las autoridades competentes en materia de aguas al legalizar una captación. La instalación de estos contadores volumétricos permite controlar si el consumo real se ajusta a lo planificado.

Registro en cuaderno de riego
A la hora de valorar la campaña agrícola, es de utilidad llevar al día un cuaderno de riego (ver Anexo 1), que no es más que un estadillo donde anotar de forma sistemática, toda la información relevante sobre el riego de una parcela. El cuaderno de riego debe incluir:

  • Características del suelo: profundidad útil para las raíces, velocidad de infiltración, capacidad de campo, punto de marchitez y agua útil.
  • Fechas de los distintos estados fenológicos del cultivo: siembra, nascencia, 2 hojas, 3 hojas, espigado, floración, grano lechoso, maduración, cosecha, etc.
  • Niveles de humedad a mantener en el suelo para cada etapa de desarrollo del cultivo.
  • Necesidades hídricas previstas, obtenidas de las fuentes de asesoramiento.
  • Previsión de riegos: fecha, hora y duración.
  • Riegos efectuados: por si hay variaciones sobre lo previsto.
  • Precipitaciones.
  • Observaciones: incidencias, averías, operaciones de mantenimiento de la instalación, etc.

Para mayor información descargue el manual completo a continuación: Buenas prácticas de riego

Fuente: PortalFrutícola / 15 de diciembre 2017

 

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