Los humildes hongos, el nuevo superalimento

Las setas pueden ser excelentes fuentes de cuatro micronutrientes dietéticos clave que son importantes para un envejecimiento saludable.

Las setas suelen considerarse para su uso culinario porque están repletas de potenciadores del sabor y tienen un atractivo gourmet. Esa es quizás la razón por la cual, los champiñones son, por ejemplo, el segundo ingrediente más popular en la pizza, precedido por el pepperoni.

En el pasado, los científicos del sector alimentario ponderaban los hongos o setas como saludables debido a lo que no contribuyen a la dieta; no contienen colesterol y gluten y son bajos en grasa, azúcares, sodio y calorías. Pero estábamos malvendiéndolos. Son alimentos muy saludables y podrían tener propiedades medicinales, ya que son buenas fuentes de proteína, vitaminas B, fibra, azúcares que refuerzan las defensas que se hallan en las paredes celulares llamadas beta glucanos y otros compuestos bioactivos

Las setas se han utilizado como alimento y a veces como medicina durante siglos. En el pasado, buena parte de su uso medicinal se hacía en las culturas asiáticas, mientras que la mayoría de los estadounidenses han sido escépticos de este concepto. Sin embargo, debido a las actitudes cambiantes de los consumidores que rechazan el enfoque farmacéutico como la única respuesta a la sanación, eso parece estar cambiando.

Estudios en el valor nutricional de las setas han descubierto que las setas pueden ser incluso mejores para la salud de lo que se sabía anteriormente.

Pueden ser excelentes fuentes de cuatro micronutrientes dietéticos clave que se sabe son importantes para un envejecimiento saludable. Incluso se está investigando si algunos de éstos podrían ser importantes para prevenir la enfermedad de Parkinson y el Alzheimer.

Cuatro nutrientes clave
Los nutrientes importantes en los hongos incluyen selenio, vitamina D, glutatión y ergotioneína. Se sabe que todos ellos funcionan como antioxidantes que pueden mitigar el estrés oxidativo y que todos disminuyen conforme envejecemos. El estrés oxidativo se considera el principal culpable de causar las enfermedades del envejecimiento, como el cáncer, las cardiopatías y la demencia.

La ergotioneína es en realidad un aminoácido antioxidante que se descubrió en 1909 en el hongo ergot o cornezuelo. Los aminoácidos son los componentes básicos de las proteínas.

La ergotioneína es producida en la naturaleza principalmente por las setas, incluidos los champiñones. Los humanos no pueden producirla, por lo que debe obtenerse de fuentes alimentarias. Hubo poco interés científico en la ergotioneína hasta 2005, cuando el profesor de farmacología Dirk Grundemann descubrió que todos los mamíferos fabrican un transportador codificado genéticamente que rápidamente atrae la ergotioneína hacia los glóbulos rojos.

Luego distribuyen la ergotioneína alrededor del cuerpo, donde se acumula en los tejidos que están bajo el mayor estrés oxidativo. Ese descubrimiento propició un aumento significativo en la investigación científica sobre el posible papel de la ergotioneína en la salud humana.

Un estudio incluso dio pie a que el destacado científico estadounidense Solomon Snyder recomendara que la ergotioneína fuera considerada una nueva vitamina.

En 2006, se descubrió que los hongos comestibles cultivados eran fuentes muy ricas de ergotioneína y contenían al menos diez veces el nivel hallado en cualquier otra fuente alimentaria.

Gracias a la colaboración con John Ritchie y el científico posdoctoral Michael Kalaras del Centro Médico Hershey de Penn State, se demostró que los hongos también son una fuente dietética del llamado “antioxidante maestro” en todos los organismos vivos, el glutatión. Ningún otro alimento iguala a las setas como fuente de ambos antioxidantes.

Si como champiñones, ¿estoy sano?
La investigación actual se centra en la evaluación del potencial de la ergotioneína en hongos para prevenir o tratar enfermedades neurodegenerativas del envejecimiento, como el Parkinson y el Alzheimer. Este enfoque se basa en varios estudios intrigantes realizados con poblaciones asiáticas de adultos mayores.

Un estudio realizado en Singapur mostró que a medida que las personas envejecían el contenido de ergotioneína en la sangre disminuía significativamente, lo que se correlacionaba con el aumento del deterioro cognitivo.

Los autores sugirieron que una deficiencia dietética de ergotioneína podría predisponer a las personas a enfermedades neurológicas. Un reciente estudio epidemiológico realizado con más de 13,000 adultos mayores en Japón mostró que aquellos que comían más hongos o setas tenían menos incidencia de demencia.

Fuente: Expansión.com / 22 de junio 2016

 

X